El error en mi antigua marca que casi destruye mi catálogo (y el método que lo cambió todo)
Durante años firmé cada una de mis obras bajo el sello Artfotografydvc. Viajes, composiciones impecables, retratos cuidados al milímetro... La disciplina estaba ahí y la calidad técnica también. Pero había una realidad incómoda que no me atrevía a admitir en público: el volumen de descargas no se correspondía con el esfuerzo brutal detrás de cada sesión.
Seguía la receta tradicional. Creía que si una imagen era visualmente potente, el mercado terminaría encontrándola.
Estaba completamente equivocado.
Llegó un punto de inflexión en el que tomé la decisión más arriesgada de mi carrera: archivar la firma artística, ejecutar un rebranding absoluto y reescribir por completo el flujo de trabajo detrás de mi portafolio.
No fue un simple cambio de nombre. Fue el paso directo de la intuición a la ingeniería visual.
